viernes, 31 de diciembre de 2010

LAS AUSENCIAS


Las brillantes luces navideñas iluminan en ocasiones un paisaje de ausencias. El paso del tiempo hace que a nuestra edad esas ausencias sean muy numerosas. Todos vemos sillas vacías en las reuniones familiares, en las de amigos o en aquellas que reviven lejanas épocas estudiantiles. También en nuestra clase de la Uned Senior ha quedado una silla vacía, la que fue de nuestro compañero Manolo Chiva, recientemente fallecido.

Ese paisaje de ausencias no sólo está conformado por las de los familiares o de los amigos, sino también por todos aquellos que tuvieron un papel destacado en el mundo en el que nos movemos y que ya no están entre nosotros. El año que termina ha sido el de la desaparición de tres importantes escritores: Miguel Delibes, J.D. Salinger y José Saramago. También en 2010 nos dejaron actores carismáticos como Tony Curtis, Jean Simons, Dennis Hopper, Leslie Nielsen, y los españoles Manuel Alexandre y Antonio Ozores. En los últimos doce meses murieron una serie de directores cinematográficos que crearon películas inolvidables: Arthur Penn, Blake Edwars, Mario Monicelli, Claude Carbol, Eric Rohmer y Luis García Berlanga. En 2010 murieron personajes públicos destacados: Juan Antonio Samaranch, Nestor Kirchner, José Antonio Labordeta y Marcelino Camacho.

Con el 2010 se van imágenes y palabras, grandes historias y sencillas anécdotas. En su lugar y más en estas fechas, nace la tentación de la nostalgia y de la melancolía. Recordamos experiencias –posiblemente embellecidas por el paso del tiempo- que ya no podremos repetir y corremos el riesgo de pensar únicamente en lo que fue y ya no será. ¿Cómo evitar que todo ello se convierta en un lastre que nos condicione .....? Quizá la mejor forma de evitarlo es desarrollar nuestra capacidad de ser activos, creativos, abiertos a nuevas ideas y dispuestos a relacionarnos con los demás.





miércoles, 22 de diciembre de 2010

El adiós del otoño




Es tiempo de decir adiós al otoño, del que George Sand dijo que “es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno”.

Los que participamos en las clases de la Uned Senior estamos especialmente vinculados a esta estación. Muchos de nosotros somos, en años, otoño. La poética caída de la hojas se corresponde con algunas de nuestras no tan poéticas caídas. Las clásicas evocaciones otoñales de los colores cambiantes de la naturaleza, del enriquecedor silencio, de la suave y dorada luz, se asemejan a algunos de nuestros sentimientos y sensaciones. Quizá a nuestra edad compartamos con el otoño su nostalgia y su melancolía, pero su tiempo es también de madurez y crecimiento interior

Mi adiós al otoño lo visualizo con algunas de las fotografías que el pasado noviembre hice en la zona de El Port y la Tinença de Benifassà. Como enriquecedor complemento literario de ellas transcribo la poesía “Otoño” de Juan Ramón Jiménez:

“Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!

¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echado en el verdor de una colina!

En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina.”



miércoles, 1 de diciembre de 2010

El paisaje y la memoria










Al recorrer la mayoría de las rutas senderistas que discurren por las comarcas castellonenses, puedes ver gran cantidad de masías abandonadas. Techumbres caídas, puertas rotas, paredes en equilibrio inestable, ventanas cegadas, ....... reflejan las heridas causadas por el paso del tiempo. En los ruinosos interiores de las masías permanecen humildes testimonios de la vida que albergaron en su día: un calendario amarillento, una silla sin patas, una cazuela sin asas, una fotografía medio borrada, ........ Cuando te detienes en uno de estos lugares no puedes menos que imaginar las condiciones tan duras que debieron soportar los que en ellos vivieron. La bucólica sensación de paz y libertad que experimentas caminando por estos espacios de verdes intensos u ocres cambiantes, se atenúa por el recuerdo de quienes los habitaron.

En una reciente salida senderista del Centro Excursionista de Vila-real por los alrededores de El Tormo, he podido ver una vez más, una serie de masías abandonadas, destacando el grupo de las conocidas como Los Mores, enclavadas en el término municipal de Ludiente. Invadidas por el silencio y la maleza, las edificaciones que perviven testimonian un importante pasado. Habitadas hasta los sesenta, estuvieron dotadas incluso de escuela. Josep Maria Vilanova Nostrort –guía de la excursión y buen conocedor de estas tierras-, nos contó que la última y joven maestra de este lugar, al hacerse cargo de la escuela se compró un burro con el que cada día se desplazaba por una empinada senda desde El Tormo hasta Los Mores. ¿Cuántas conmovedoras historias esconden estos paisajes ....? Seguramente cientos que como las personas que las protagonizaron son ya un recuerdo que se apaga. Mi sencillo homenaje a ellas con estas notas y algunas de las fotografías que hice durante la excursión.