lunes, 19 de diciembre de 2011

Huelga farmaceutica -Juan Soler-


Pues si. Esta mañana la oficina de farmacia que uno tiene fente a su casa, pasadas las nueve de la mañana que es cuando servidor ase pone en la calle, estaba cerrada. La farmacia, digo.

Cerrada a cal y canto y con la puerta metálica cerrada para que nadie tuviera dudas. El impago del Consell a los farmacéuticos ha hecho que estos tuvieran que tomar medidas y Las han tomado: las medidas han sido ponerse en huelga de tres días y que cada cual se las arregle como pueda.

Para el dolor de cabeza y durant estos días si usted no dispone en el botiquín casero de la correspondiente aspirina, ya puede ir preeparandoi un buen martillazo en todo el coco, con lo que el dolor interno desparece inmediatamente y así todo seguido para cualquier dolencia, sea de la gravedad que sea. Los farmacéuticos están en huelga y no será este cura quien ose reprochárselo.

Topdo el mundo tiene derecho a cobrar por su trabajo y todo el mundo lo tiene para defender sus intereses. Tanto tiempo tanto dinero sin cobrar acaba con cualquier capacidad de fiunanciación, por mucho que los farmacéuticos no tengan fama pobresprecisamente. Han ahora se ha tenido que polner a la altura de los trabajadores y de UGT y CC.OO. obreras para salvar sus intereses, lo que no deja de tener su aquel: llega la huelga farmacéutica como consecuencia de un Consell, tan dado al boato y a los gastos suntuosos que al final no ha podido pagar las recetas a las farmacias. Digamos, porque callarlo sería injusto, que no es el actual gobierno autonómico y su presidente quienes se dedicaron a malgastar. Son los que ahora se sientan en el banquillo, los que destrozaron la economía de esta comunidad de sus pecados y no los que cargan con sus consecuencias, Alberto Fabra al frente, que es quien tendrá aue hacer mangas y capirotes para poder reunir algoi de dinero para pagar las píldoras de los jubilados. Quien te ha visto y quien te ve.

Sobre "El valencià en el seus textos" y otras cosas


Una de las asignaturas más interesantes del primer cuatrimestre de la Uned Senior de Vila-real, es “El valencià en els seus textos”, impartida por Vita Luque Arrufat. Cada una de las clases está dedicada a un modelo de lenguaje: literario, coloquial, periodístico, ensayístico, científico y técnico, administrativo, y el correspondiente a los diferentes tipos dialectales de nuestra lengua vernácula. La estructura de cada clase se compone de nociones generales sobre un tipo de lenguaje, lectura de un texto relacionado con éste, y ejercicios prácticos. La combinación de teoría y práctica facilita la comprensión de la materia desarrollada. Como a tantos profesores de la Uned Senior debemos agradecerle a Vita Luque su habilidad para captar nuestra atención y para conducir las clases, cuyo ambiente recuerda en ocasiones puntuales al de una guardería. Quizá el ciclo de la vida sea un círculo que cierre la vejez uniéndose a la infancia y asumiendo algunos de sus comportamientos.

El pasado día 12 examinamos el lenguaje ensayístico. Como ejemplo del mismo se leyó un texto de Joan Fuster de 1986 en el que habla de la decadencia de la calle como lugar de convivencia. Al concluir la lectura nuestra compañera Rosita Fortuño sacó de su bolso –uno de esos bolsos femeninos que parecen no tener fondo y que están llenos de sorpresas-, unas cuartillas que también hablaban de la calle, una calle dulcificada por el recuerdo de una infancia feliz. A continuación reproduzco el texto que nuestra compañera leyó en la clase y que había titulado “Quan jo era xicoteta”

“Quan jo era xiqueta

el món era diferent;

l’aire era més pur;

més franca era la gent;

n’havia més harmonia;

n’havia més caritat.

El món es plenava de flors,

n’havien sapets i cuquets,

volaven les palometes

i corria aigua als riuets.

No n’havia l’algarabia

que tan ara ensordis,

en els motors de les màquines,

dels cotxes i camions.

Sols pasava algún carro

en un mul enganxat,

que a més produia

un sonido molt pausat

Casi sense fer ruido

les bicicletes rodaen.

A la vorera se sentaen

les veines del carrer

quan el bon temps convidava,

per xarrar, cosir i fer roglet.

Els xiquets i les xiquetes

disfrutaven de lo més

jugan a lo que volien,

sempre, sempre, al carrer.

Quan jo era xicoteta

se jugava als cromets.

Jugavem a la lluneta

i a tapar el carrer.

Les campanes de la església

s’escoltavem de lo més.

La gent anava a Misa

amb mantellina i catret.

Les processons se plenavem

i els bateigos, bodes i enterros.

El pregoner de la vila

als cantons mos feia el bàndols.

Al forn portavem l’arrós,

boniatos i carabases.

Berenavem pa amb oli,

llonganissa o sobrassada,

i quan és feia de nit,

la lluna mos alumbrava.

Jo recorde els pregons

dels venedors ambulants,

als peixcaters venen el peix,

a tota la gent que eixia

a comprar amb davantal.

El pa mol feiem en casa

i també els pastisets.

Menjavem fruits del temps

i estavem sempre contens.

El sereno mos cuidava

contra els lladres i borraxets.

sembran una confiança

que ja no recuperarem.

Quan jo era xicoteta

disfrutavem de lo mès

i ara que xoc velleta

està tot, tot, al revés.”

Hasta aquí la evocación de nuestra compañera Rosita Fortuño que –véase el final del texto-, parece profesar la teoría de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Sea esto cierto o no, lo importante es que experiencias como las de asistir a las clases de la Uned Senior nos permitan estar abiertos al mundo de hoy, tan diferente al de nuestra infancia pero que también es, para bien o para mal, nuestro mundo.